lunes, 2 de septiembre de 2013

Maestros suben al ratón loco a la policía

(1 de septiembre, 2013).- ¿Para dónde van? No se sabe. ¿Qué harán? Tampoco. ¿A qué hora saldrán? Es confuso. ¿Cuántos marcharán? Se prevé que sean miles. ¿De dónde saldrán? Fue una incógnita.
Los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, ese magisterio disidente que se opone a la reforma educativa y a sus leyes reglamentarias, maestros de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán tuvieron en jaque a la policía de la Ciudad de México durante el día de la entrega del primer informe de Enrique Peña Nieto.
Se circuló el rumor en los medios de comunicación de que no llevarían a cabo ninguna acción este primero de diciembre y, a la vez, la convocatoria a una marcha que partiría del Monumento a la Revolución fue susurrada en las redes sociales.
Un fuerte operativo policial se montó en torno de dicha especulación. A las 9 de la mañana, un conjunto de aproximadamente mil policías resguardaba la Plaza de la República, en la que se erige tan insigne monumento, para “resguardar” a los maestros. No obstante, no había uno sólo maestro.
A falta de profesores, dicho operativo resguardó la marcha de estudiantes, jóvenes, colectivo de anarquistas, coordinación en defensa del petróleo y los recursos naturales, y otros tantos ciudadanos que decidieron tomar las calles para mostrar su repudio a las reformas constitucionales que impulsa el ejecutivo federal y al primer informe de gobierno de Enrique Peña Nieto.
Alrededor de las 10 de la mañana, los maestros se postraron en las calles 20 de noviembre y Venustiano Carranza y, a paso firme, caminaron hasta llegar a Eje Central. ¿Ahí se encontrarían con el otro contingente que partiría del Monumento a la Revolución? No.
Tomaron Eje Central hacia el norte y, en una vuelta repentina, giraron a la izquierda y caminaron sobre avenida Hidalgo, volvieron a girar a la izquierda en Paseo de la Reforma y caminaron a la Avenida de la República.
Ahí se encontraron con el contingente que estaba iniciando su marcha. Pero ¿marcharían a San Lázaro en una sola marcha? No se sabía, los rumores indicaban que en realidad se dirigían a la residencia oficial de Los Pinos, a la casa del presidente, a la oficina donde despacha que siempre se encuentra rodeada de vallas verdes, altas e impenetrables.
La policía se encontraba en una encrucijada ¿hacia dónde correrían? ¿Qué marcha “custodiarían”? ¿Dónde pondrían las vallas humanas para dirigir la marcha y evitar que se les saliera de control a los granaderos?
No se sabía qué pasaría.
Unos, como lo tenían planeado, iniciaron la marcha sobre avenida Juárez, con la vista al Congreso de la Unión, a la casa de los representantes populares, aquella que estuvo rodeada de dos cercos de vallas grises, para evitar que cualquier manifestante o ciudadano en general pudiera atravesar el perímetro de la Cámara de Diputados.
Los maestros siguieron su rumbo sobre Paseo de la Reforma, lo cual daba el claro mensaje que en realidad se dirigían a Los Pinos, a presionar al titular del ejecutivo federal y mostrar su inconformidad a los pies de su residencia.
Las marchas continuaron, en caminos separados. Los contingentes policiacos, en una “jugada sagaz”, también tuvieron que dividirse para poder “marchar” al lado de ambas manifestaciones. Ninguna podía quedarse al descubierto.
La primera línea de la marcha que se dirigía a San Lázaro en realidad estaba conformada por tres hileras de granaderos que caminaban hacia atrás, de cara a los manifestantes, con unos escudos de por medio. Saliendo de avenida Juárez giraron a la izquierda, por Eje Central, rumbo al sur, y cuando parecía que ese sería su rumbo constante, un grupo de jóvenes decide de manera imprevista girar a la izquierda y tomar un atajo por Venustiano Carranza.
Los elementos de seguridad pública corrieron a un lado y luego al otro. Los mandos gritaban que se quedaron quietos, otros que hicieran una valla, mientras los granaderos sólo alcanzaban a cubrirse, a manera de formación romana, con sus imponentes escudos.
Luego de un pequeño enfrentamiento, la marcha volvió a su rumbo. El Eje Central fue inundado nuevamente por los manifestantes.
Al llegar a Izazaga, este mismo contingente decidió girar a la izquierda y, ante dicha acción, las vallas humanas de granaderos empezaron a tomar posición, para no perder la cabeza de la manifestación.
Unos pocos metros después de dar la vuelta, los manifestantes decidieron regresar corriendo al mismo eje. Los policías, ante dicha acción, también rompieron filas y empezaron a correr, sin un rumbo claro, atrás de los jóvenes que los traían de un lado al otro. Amagando al contingente policiaco, la marcha continuó por Eje Central.
Mientras tanto, los maestros seguían su rumbo en esa otra manifestación. Pero al llegar a la Palma de Reforma (calle Niza esquina Paseo de la Reforma), decidieron girar a la izquierda y continuar con rumbo a avenida Chapultepec. Pero… ¿no se supone que irían a Los Pinos? Al parecer no fue así y los policías tuvieron que cambiar su ruta, al son de los profesores.
¿Y ahora a dónde se dirigirían?
Llegaron a avenida Chapultepec, giraron a la izquierda y continuaron a Televisa, donde hicieron una pequeña parada para gritar sus consignas frente al emporio televisivo. Y así, siguieron su ruta sobre Río de la Loza. Ahora sí se podría afirmar que se dirigían al Congreso de la Unión.
Así fue. Ambos contingentes se encontraron en Eje Central y Fray Servando Teresa de Mier (que es continuación de Río de la Loza) y decidieron avanzar juntos. Ahora sí, ya eran más manifestantes concentrados en un solo lugar. La Secretaría de Seguridad Pública reportó, de manera previa, que eran 10 mil maestros y 80 jóvenes. No obstante, se calcula que ambas marchas juntaron a 30 mil personas.
El gran contingente ahora se dirigía a  San Lázaro. Para ello, tendría que atravesar el bajo puente de Tlaxcoaque. Y así lo hizo, mientras los policías, que marchaban al frente de la marcha, con pasos hacia atrás, se dividieron al entrar al puente. Esa bajada no estuvo calculada.
Unos cientos de metros más adelante, al fin, el contingente se topó con las vallas que custodiaban el objetivo: la Cámara de Diputados. Y fue ahí, en la avenida Congreso de la Unión, donde los policías se pararon, se quedaron de espaldas a las vallas, reforzados por la policía montada, que a galope resguardó su retaguardia.
Ahí, estaban los dos contingentes separados por un pequeño camellón, a tranquilidad de las fuerzas del orden de la capital, porque ya no habría manera de que volvieran a girar y a cambiar el rumbo de una marcha que no tuvo planeación para los granaderos capitalinos.
Los enfrentamientos y las detenciones posteriores ya fueron otra jugada. Por un pequeño momento, los policías se quedaron quietos, “bajo el control” de los manifestantes.
Natalia Antezana Bosques / @Natalia3_0

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